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En Tinder se folla (mi amiga tenía razón)

-Tía, ¡En Tinder se folla! ¡Bájate la app pero YA!

Marta nunca había usado Tinder. Se lo recomendó así una amiga porque Marta se había quedado sin novio y su amiga le aseguraba que en Tinder se follaba.

Marta había tenido una relación de 7 años. Bueno, decimos relación pero ya llevaban más de cuatro años sin follar. Y, claro, os imaginaréis que Marta necesitaba una buena polla.

Además, lo que Marta llevaba en secreto era que su novio tenía la polla muy pequeña. Es decir, Marta nunca había estado uno con un hombre de verdad.

Marta ahora tenía 25 años y había conocido a su novio cuando tenía 18. Marta no sabía escoger a un hombre real, de los que te dejan empapada con solo mirarte.

Nunca había estado con otro chico y la verdad es que el mundo de tinder se le hacía abismal.

No obstante, le fascinaban las historias que le contaba su amiga. Su amiga había follado usando Tinder en coches, había follado en pisos oscuros, había follado con negros... Todo lo que le contaba su amiga le horrorizaba pero siempre le despertaba un punto de curiosidad y excitación.

 

¿Sería ella capaz de vivir todas esas fantasías?

Un día, aburrida en casa, Marta bajó la aplicación. Empezó a ver un montón de chicos guapos. Rubios o morenos, flipaba con todos. Y la verdad es que se quedaba atrapada viendo a todos esos chicos fibraditos de sonrisas magnéticas.

Marta tenía hambre suficiente para todos. Tinder empezaba a gustarle.

En el fondo, su ex nunca le puso de forma visceral. Además, el ex de Marta era un chico paradito. Y todo el sexo que hacían era suave, demasiado romántico.

Ver a todos esos chicos tan guapos en Tinder estaba despertando algo dentro suya que hacía tiempo que no sentía.

Por primera vez en años a Marta le apeteció hacerse unos dedos. Imaginó a uno de esos chicos encima suya, moviéndose y jadeante. Se corrió enseguida.

¿Por qué le ponían tan cachonda todos esos chicos con barbitas bien cuidadas?

Marta, ¡Tienes un nuevo Match!

Un día que Marta estaba en la oficina le llegó el mensaje: "¡Tienes un match". La verdad es que hacía un par de días que no utilizaba la aplicación y le sorprendió un poco. ¿Quién será?.

El chico del match era Martín. Un americano que vivía en Barcelona que decía dedicarse al marketing digital. Marta se puso bastante cachonda imaginando que el tío ganaba bastante pasta.

Por lo general, Marta solo escogía a chicos que iban bien vestidos y tenían aspecto de pijo. Aunque le ponían bastante cachonda los macarras, intentaba no hacer like a chicos tatuados o demasiado cachas.

Los chicos con aspecto de malote le gustaban. Y Marta fantaseaba con follarse a uno de esos en otra vida. En una vida donde Marta pudiera actuar libremente y no sentirse mal por comerle la polla a uno de esos chicos con aparente poco cerebro.

Al fin y al cabo, una polla es solo una polla, ¿Verdad?.

"Se me está yendo la cabeza" -pensó Marta. "Tengo que centrarme en los emails que tengo que escribir antes de las 12:00".

Pero en ese momento, ¡Ting!, notificación de Tinder: tienes un mensaje nuevo. Era Martín, el chico americano. Le estaba hablando en Inglés y Marta sintió mucha vergüenza porque tenía su Inglés muy oxidado.

Por lo que Marta entendió, Martín le decía que le gustaba mucho su estilo. Era muy directo. Y eso a Marta le gustaba.

Hablaron durante una semana y al final quedaron para un café. Martín era educado y divertido y llevaba un estilo de vida que a Marta le encajaba. Y sobre todo, Martin era muy alto y mulatito.

Empiezan las citas de Tinder

Durante la primera cita, Martín cautivó a Marta con una sonrisa que no se le borraba nunca. Se interesaba por la vida de Marta y también la hacía reír. La mezcla de Inglés y español de Martín hacía que Marta se pusiera muy caliente.

Quedaron un par de veces más y Martín la sabía llevar. El Ex de Marta no tenía ni idea de hacer pasar bien a una chica. Con Martin, ya se habían morreado y Martin no se había cortado en apretarle bien el culo.

Marta llegaba mojadisima de esas citas. Cuando se morreaban, Marta le ponía las manos en los biceps de Martin y le había notado una vena infladita pasando por ellos... Nunca se había estimulado el clítoris con tanto ímpetu. La conclusión era clara: se lo quería follar.

Le envió un mensaje a Martin con su mejor inglés: dinner on friday? (Cenamos el viernes?). Martin tardó en contestar. Se lo imaginó liado en el trabajo, incluso se puso medio celosa. Habría alguna tía buena en su oficina? "Buah, este tío me gusta mucho" -se dijo.

Martín respondió: "Ya era hora". Marta se puso roja como un tomate. Había sido demasiado directa y ahora Martín ya sabía que quería sexo. Eso la hacía sentirse un poco putilla pero así alejaría a Martin de sus otras opciones. Porque Marta estaba segura de que este tío tenía muchas otras opciones.

Pues sí, en Tinder se folla y bien rico

El día de la cena se miró en el espejo. Se acarició los pezones. "Martin no podrá resistirse a esto". Se le pusieron duros enseguida. Estaba mentalmente preparada para una noche de sexo. Llevaba días poniéndose un salvaslip por todo el fluido que andaba sacando.

Martin no falló tampoco durante la cena. Las risas y la conversación hicieron que fluyeran las copas. Sin darse cuenta Marta había bebido dos copas de vino y estaba acabando un gin tonic. Todo ese alcohol provocaba que Marta sintiera a Martin sentado demasiado lejos.

Salieron del restaurante y Martin paró un taxi. Marta quería oponerse, hacerse la difícil. Sin embargo, tenía el coño empapado y ver a Martín dándole la espalda para parar el taxi sin consultárselo la ponía más caliente aún.

El taxista era muy simpático y se puso a hablar con Martin. A pesar de aquella escena normal, Martin deslizó la mano por el muslo de Marta buscando su braguita. Marta nunca hubiera permitido aquello pero abrió un poco las piernas para que Martin se moviera con libertad.

Mientras el taxista le explicaba a Martin anécdotas de la Sagrada Familia, Martin le estaba moviendo el clítoris a Marta por encima de las bragas. Marta sentía la necesidad de producir algún gemido, todo lo que pudo hacer es clavarle las uñas en el brazo a Martín.

¿Cómo era posible que se estuviera a punto de correr en la parte trasera de un taxi mientras aquellos dos hablaban como si nada?...

En casa del match de Tinder

Llegaron al piso de Martin y… Marta oyó un ruido por la casa. ¡Martin tenía un compañero de piso! El compañero era casi tan alto como él, con el pelo castaño y media melena. Era Australiano y… estaba tope de bueno también.

Marta se puso nerviosa. Hablaban en Inglés rapidísimo y no entendía nada. Su conversación se fue apagando. El americano y el australiano se desearon buenas noches. Martin abrió un armario para sacar dos copas de vino.

El australiano sonrió a Marta y dijo un 'buenas noches' como lo diría un yanki. Ese tío tenía la espalda como un armario. Marta se sorprendió a sí misma pensando "¿Por qué no se queda?"

Martin acercó una copa de vino a Marta. Antes de que Marta la pudiera coger, Martin dijo: "¿Sabes qué? Prefiero esto" y le metió un morreo con la lengua en profundidad. Además, cerrando la mano en pinza, le presionó un seno con fuerza. Los ojos de Marta voltearon en blanco.

Todo sucedió muy rápido ,y en un santiamén, Marta estaba sin bragas en el sofá del comedor con Martin comiéndole el coño como un animal. Cada vez que Martin metía la punta de su lengua en la vagina de Marta, esta tenía que taparse la boca para no gemir como una loca. Bendito Tinder.

Sexo vainilla pero vaya si se folla en Tinder

Martín se quitó la camiseta. Marta quedó hipnotizada con cada uno de los abdominales de Martín. Fue ella misma quien empezó a desabrocharle los pantalones.

Marta pasó las manos por todo el torso de Martin, el cual parecía infinito. El color café con leche de su piel daba ganas de morderlo cual tableta de chocolate.

Y por fin la polla. Martin se puso de pie para quitarse los pantalones y calzoncillos. El miembro erecto de Martin se balanceó de izquierda a derecha con el último impulso de deshacerse de sus mudas.

Marta seguía estirada en el sofá y vio aquella mastodóntica polla moviéndose desde abajo. Se incorporó para ir a besar a Martin pero este la paró agarrándola suavemente por el cuello. Martin la empujó lo suficiente para que sus pantorrillas chocaran contra el sofá y sus piernas cedieran para sentarse.

Estaba claro: era hora de comer polla. Marta empezó a pajear aquella polla mulatita y a lamerla por un costado. ¿Cómo no iba a comerle la polla después del cunnilingus que había recibido?

Cuando se disponía a meterse la polla de Martin en la boca, ¡La puerta del comedor se abrió!

"Oh, guys, didn't know you were here!" (¡No sabía que estábais aquí!). El chico australiano.

Sin embargo, el chico australiano venía en albornoz completamente desnudo. Martin rió y el australiano le devolvió también la carcajada. Lo habían planeado.

"Do you mind?" (¿Te importa?) -dijo Martin

Del sexo vainilla… ¡Al trío!

Marta se tapó la cara con las manos. No se podía creer que no se estuviera enfadando ni que hubiera salido corriendo por patas de aquello. ¿Era por el alcohol? ¿Quizás los siete años atrapada en una relación aborrecible?

Aún con las manos en la cara, Marta negó con la cabeza y a los tres segundos ya tenía a Martin y a Bob (así se llamaba) delante suya completamente desnudos.

El Australiano aún estaba blando. Marta empezó a masturbarle con su mano izquierda, notando como su miembro se iba poniendo duro por segundos. En su mano derecha seguía teniendo la polla de Martin ya dura como el acero.

Martin dirigió la cabeza de Marta hacia su miembro. Martín se pasó de intensidad y Marta gagueaba pues su polla le tocaba el principio de la garganta. Marta aguantó por los "ohh" que Martín emitía.

Cuando Martin le liberó la cabeza, Marta fue directa a la polla de Bob. La polla australiana ya estaba erecta del todo y sentirla en la boca era un placer enorme. Con la mano derecha ahora seguía pajeando a Martín.

Bob la separó de su polla y la levantó como si Marta tuviera un peso de 20 gramos. Se la puso al hombro. Se la llevaban a la cama. Marta cerró los ojos. Todo lo que pasara a continuación le parecía bien. Estaba de acuerdo en ser el objeto de placer de aquellos dos buenorros que sin duda no era la primera vez que hacían aquello.

"Pues vaya que si se folla en Tinder..." -Pensó Marta.

El clímax de un trío

En la habitación, Martin estaba estirado hacia arriba. Bob la colocó para que montara a Martin. El americano se puso a lamerle los pezones mientras Marta colocaba a Martin hacia su interior.

La ansiedad de Marta hizo que se metiera la polla de Martin de una tacada. Sus piernas empezaron a temblar, ya se estaba corriendo. La sensación de lleno había sido total y no pudo resistirse a dejar paso a ese orgasmo que la estaba haciendo temblar entera.

No había acabado de correrse y Bob ya le había metido la polla en la boca, ahora con este de pie en la cama.

Martin le empezó a hacer un coito furioso que transportó a Marta a otra dimensión. No pudo seguir chupándole la polla al australiano para poder respirar pero Bob se la volvía a colocar en la boca sin piedad.

Aunque estuviera desbordada por la situación, Marta pensaba en paralelo cosas extrañísimas. Sintió deseo de que la grabaran y enviárselo a su ex. O incluso de que entrara un tercer hombre en escena. Marta se veía y se desconocía.

Bob hizo amago de ponerse detrás de ella. Marta se asustó. Le querían hacer doble penetración (¡el objetivo de follar en Tinder estaba cumplido pero eso era demasiado!)

-No, no! -Dijo Marta mientras se acordaba de su amiga asegurándole que en Tinder sí se folla. ¡Qué locura!

Martin le dijo que la mirara y le puso el dedo gordo en la boca para que lo chupara. Martin la acariciaba y la penetraba suavemente para que se relajara. Marta se calmó. Al fin y al cabo, deseaba aquello. Quería poder dar aquél placer.

Bob le fue insertando la polla en el culo a Marta. Marta clavó los dedos en los pectorales de Martin. Sorprendida, el placer era casi inaguantable. "Me voy a correr" -gimió.

Bob y Martin empujaban hacia dentro con un ritmo que Marta pudiera soportar y disfrutar. Empujaban. Coño. Culo. Coño. Culo. Marta no paraba de jadear. Era imposible aguantar tal placer y, por segunda vez, sus piernas empezaron a temblar dejando paso a un orgasmo que le recorrió el cuerpo como nunca antes.

Martin se había excitado mucho con aquella escena. Sacó su polla de Marta y empezó a eyacular. En pleno éxtasis, Marta sintió el semen de Martín salpicándole la barriga y no pudo sino sentir satisfacción. Martin debía haber disfrutado mucho viéndola en pleno éxtasis.

 

En Tinder se folla a tope, mi amiga tenía toda la razón

El Australiano se retiró también de Marta pero sin haber eyaculado. "Hope you guys enjoyed!" (¡Espero que hayáis disfrutado, chicos!) -se despidió Bob. No le hacía falta correrse. Tenía claro que en aquella historia era solo un instrumento. "Sin duda, estos dos tíos son buenos. Saben cómo satisfacer a una mujer" -pensó Marta.

Marta se estiró al lado de Martin y empezaron a reír. Martin limpió a Marta y le preguntó si estaba bien, a lo que Marta respondió que sí.

De hecho, Marta se encontraba mejor que nunca. Había superado muchos límites y miedos esa noche y eso la hizo sentir más viva que nunca.

Mientras se dormía, Marta no pensó en cómo seguiría su relación con Martin, o en si pronto encontraría a otro hombre.

Solo deseaba que su próxima aventura superara la de aquella noche...

Y sí, su amiga tenía razón, en Tinder se folla a tope...

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